Situado a 876 metros de altitud en la sierra del Catllaràs, este conjunto monumental nació en 1878 por iniciativa del sacerdote Antoni Comellas. El religioso transformó una fuente natural en una gruta que hoy custodia la imagen de la virgen, convirtiéndose en un punto de peregrinación que atrajo a miles de fieles desde finales del siglo XIX.
El edificio principal, de estilo neoclásico, fue finalizado totalmente en 1915 gracias a las donaciones privadas. Además de su valor espiritual, el entorno ofrece la ruta Un tomb per la Nou, un recorrido de baja dificultad que permite visitar vestigios históricos como el molino de l'Avellanosa o la antigua Mina de les Agudes.
La visita a la gruta, situada a pocos minutos de la iglesia, sigue siendo una tradición para los vecinos y turistas que buscan disfrutar de la naturaleza del Berguedà y de la gastronomía local en establecimientos cercanos como el restaurante Camprubí.




