El establecimiento ocupa el espacio de la antigua caseta del lago, un inmueble que previamente había funcionado como cafetería y crepería. Con esta transformación, el local se ha convertido en una izakaya, el concepto nipón equivalente a los bares de tapas tradicionales, ofreciendo una experiencia inmersiva que combina la estética de Tokio con el paisaje pirenaico.
El interiorismo de Miyagi destaca por el uso de la madera, los farolillos de papel y las telas decorativas, elementos que buscan trasladar al comensal a la capital de Japón. Sin embargo, su ubicación al pie del lago de Puigcerdà mantiene el vínculo con el territorio, ofreciendo una de las postales más reconocidas de la comarca.
En cuanto a la oferta culinaria, la carta incluye clásicos como el okonomiyaki, el takoyaki, la tempura, el udon y diversas brochetas. El negocio también ha reforzado su apuesta por el sushi y dispone de opciones para personas veganas, adaptando la tradición oriental al público local y visitante.




