Antes de la Guerra Civil (1936-1939), Josep Torres Clavé (1906-1939) era considerado una de las grandes promesas de la arquitectura catalana. Con solo treinta años, su silla se exhibía en el Pabellón de la República de París de 1937, compartiendo espacio con obras maestras como el Guernica de Picasso y El segador de Joan Miró.
Su carrera fue truncada por el conflicto. En la primavera de 1938, se incorporó al Batallón de Obras y Fortificaciones y fue destinado a las fortificaciones estratégicas de Hospitalet de l'Infant, donde el Ejército Republicano concentró la Base Túria núm. 3 con 4.000 hombres bajo el mando del general Enrique Líster.
Estos detalles se han podido reconstruir gracias a la correspondencia manuscrita estudiada por expertos del COAC y la AADIPA, y facilitada por el doctor en Teoría e Historia de la Arquitectura, Melitó Camprubí. En una de las cartas, el arquitecto describía pequeños detalles de normalidad dentro del caos de la guerra:
Son muy buena gente. En Vandellòs todavía se baila los domingos o, una noche, unos vecinos lo invitaron a cenar sopa, pollo con ensalada y champán.
Tras su estancia en Hospitalet, Torres Clavé trabajó en la línea defensiva número 2, participando en la cobertura de la retirada hacia Francia. El 12 de enero de 1939, mientras ejecutaba la voladura de un puente entre Sarral y Rocafort de Queralt, fue sorprendido por un bombardeo de los aviones italianos Savoia SM-79, que le costó la vida con solo treinta y dos años. Su silla, conocida como Torres Clavé, forma parte hoy de colecciones como la del Museo Reina Sofía.




