La "captura de valor": cuando las métricas externas dominan nuestra vida

Un ensayo del filósofo C. Thi Nguyen explora cómo la obsesión por cuantificarlo todo nos aleja de los propósitos personales.

Imagen genérica de una mano sosteniendo un teléfono con métricas digitales
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Imagen genérica de una mano sosteniendo un teléfono con métricas digitales

El presidente del aula de extensión universitaria de Juneda reflexiona sobre la "captura de valor", un fenómeno descrito por el filósofo C. Thi Nguyen, donde la sociedad se obsesiona con la cuantificación de cada aspecto de la vida.

En un mundo donde la medición y la clasificación lo dominan todo, desde restaurantes hasta películas y "me gusta" en las redes sociales, el filósofo C. Thi Nguyen ha acuñado el término "captura de valor". Este concepto describe cómo las personas adoptan valores externos sin cuestionarlos, dejando que estas métricas definan su comportamiento y percepción del mundo. Su libro The Score: How to Stop Playing Somebody Else's Game advierte sobre la omnipresencia de este fenómeno.
Esta dinámica genera una paradoja fundamental: aunque las métricas son esenciales para la coordinación social, siempre existe una brecha entre lo que se mide y lo que realmente importa. A menudo, los aspectos más significativos de la existencia son incuantificables. Nguyen ilustra esta tensión con el ejemplo de los juegos: en una partida de cartas familiar, el objetivo es ganar, pero el propósito real es disfrutar de la compañía. Por lo tanto, la satisfacción puede existir incluso en la derrota, siempre que se tome la victoria con seriedad, manteniendo un equilibrio delicado.

Las métricas son útiles: permiten que personas con intereses diferentes trabajen juntas hacia una meta compartida y sencilla, como una revista que quiere aumentar el número de lectores, tal como ocurre con la revista Fonoll. Pero en este proceso perdemos de vista nuestros objetivos personales y más profundos.

El problema surge cuando esta lógica del juego se traslada a la vida cotidiana, saturándola de clasificaciones y puntuaciones. Aunque las métricas pueden facilitar la colaboración hacia objetivos compartidos, como el aumento de lectores de una publicación como la revista Fonoll, esta obsesión puede desviar la atención de los propósitos personales más profundos. La búsqueda de "me gusta" o buenas notas puede llevar a la creencia de que aquello que no se puede cuantificar –una receta sin seguidores, un pueblo desconocido o una persona corriente– carece de valor o es insignificante.
Con el tiempo, esta tendencia fomenta una homogeneización del discurso y de los consensos implícitos: una receta excelente se define por miles de "me gusta", y el atractivo personal se asocia a ciertos cánones. Cuanto más se clasifica, más se perpetúa este sistema, haciendo que cualquier elemento fuera de él parezca extraño. Nguyen, desde su experiencia como practicante de monopatín, cocina y yo-yo, observa cómo la introducción de puntuaciones en actividades sin métricas previas puede reducir la variedad de la excelencia. Por ejemplo, las competiciones de monopatín han priorizado los trucos espectaculares sobre el estilo, y las puntuaciones del vino han favorecido los vinos intensos en detrimento de los sutiles.
En la actualidad, a pesar de la existencia de numerosos nichos culturales que permiten profundizar en cualquier interés, la reunión de personas con pasiones comunes a menudo conduce al establecimiento de jerarquías y a una estandarización fractal. La propuesta de Nguyen para esta problemática es perseguir propósitos propios sin la necesidad de justificación externa. Al final de su libro, sugiere que los juegos compartidos podrían ser vías para la realización personal, una conclusión individualista que adquiere sentido en un contexto donde las métricas ajenas nos atrapan, haciendo que, quizás, la única salida sea "jugar solo".