Después de una carrera exigente en restaurantes con estrella Michelin como El Club Allard, Moments y ABaC, así como una etapa con Paco Pérez en Terra del Hotel Alàbriga, la pastelera decidió emprender un nuevo camino. Esta transición la llevó a fundar Maison Marcel con su pareja, con establecimientos en Sant Feliu de Guíxols y Girona, donde ha podido desarrollar un modelo de negocio más cercano y personal.
Su formación inicial en publicidad y marketing en Madrid quedó atrás cuando decidió marcharse a Canadá para estudiar pastelería, una vocación que siempre le había apasionado. Para ella,
“"Hacer dulces era mi manera de expresarme: si una amiga celebraba algo, yo hacía los postres; si estaba triste, le hacía galletas. Era mi lenguaje."
Esta dedicación la llevó a trabajar en cocinas de élite y a ser seleccionada en la lista Forbes 30 Under 30, experiencias que, a pesar de la intensidad, recuerda con cariño. Sin embargo, la búsqueda de la conciliación familiar fue clave para el nacimiento de Maison Marcel, un proyecto que comenzó con un puesto en el mercado municipal de Sant Feliu de Guíxols y ha crecido progresivamente.
El reconocimiento con la Fava de Cacau 2026, que la sitúa entre las 50 mejores pastelerías de Cataluña, es un impulso significativo para el negocio. Este premio no solo aporta visibilidad, sino que también refuerza el vínculo con los clientes, que celebran los éxitos del proyecto como propios. La pastelera valora especialmente esta etapa, donde se siente más orgullosa de lo que hace, combinando su pasión con la vida familiar.




