La obra nació cuando Jordi Jiménez coincidió con Arturo Lacal y Álex Salu en un curso de animación para personas en paro. Lo que empezó como un pequeño ejercicio titulado Haiku ha terminado convirtiéndose en un proyecto galardonado por la Academia del Cine tras tres años de trabajo intenso en su estudio de Salt.
“"Hay una poética en la imperfección. A los alumnos les digo que tiren la goma de borrar. Debemos perder el miedo al error."
La trayectoria de Jiménez es singular, ya que compagina su faceta artística con su trabajo como cocinero en el centro de acogida La Sopa de Girona. Formado en la exigencia de El Celler de Can Roca, el autor aplica esa disciplina a una animación que huye de lo digital puro, utilizando stop-motion y materiales físicos.
El corto narra la relación entre dos vecinos de casas flotantes. El proyecto contó con el apoyo de la beca Kreas del Ayuntamiento de Girona y una residencia en el centro de arte La Volta, logrando recorrer más de sesenta festivales internacionales antes de ganar el Goya.




