El reciente nombramiento de Quique Álvarez como nuevo entrenador del Girona FC llega tras un mes de silencio desde el final de la liga, lo que pone de manifiesto las dificultades del club para cubrir el banquillo. Según se desprende de declaraciones, hasta once técnicos habrían rechazado la oferta, evidenciando que el Girona ha perdido su atractivo como destino profesional. Esta situación genera incertidumbre sobre la permanencia de los jugadores, con muchos esperando ofertas para marcharse.
La gestión de los últimos dos años ha generado un clima de desconfianza en Montilivi. Se especula que entrenadores con más bagaje evitan someterse a las imposiciones de la dirección deportiva, vinculada también al City Football Group. El anterior técnico, Michel, acabó llevando al equipo a Segunda División tras una temporada marcada por la Champions.
Quique Cárcel, director deportivo, declaró el 4 de junio que el nuevo entrenador debía compartir 'nuestro estilo y manera de pensar'. Sin embargo, se entiende que la 'manera de hacer' del club, que implica una exigencia de 'trabajar y callar', ha asustado a muchos candidatos. Quique Álvarez, con pasado azulgrana y como segundo entrenador de Javi Calleja, afronta una oportunidad inesperada en Segunda A. La renovación de David López y la posible continuidad de Gazzaniga generan dudas iniciales, mientras que el regreso de Jordi Balcells como preparador físico podría aliviar la plaga de lesiones.
La afición esperaba un cambio de rumbo tras el descenso, pero la sensación es de decepción. Se recuerdan decisiones pasadas controvertidas, como la contratación de Toni Adams por el Granada bajo la dirección de Pere Guardiola. La confección de la plantilla recae ahora en los mismos responsables que han fracasado en fichajes anteriores, lo que alimenta el optimismo prudente ante la imprevisibilidad del fútbol.




