Joven pareja de Girona lucha por encontrar piso de alquiler con mascotas

Con ingresos estables y contrato fijo, la dificultad para acceder a una vivienda se incrementa por la presencia de perros y los precios elevados.

Pareja joven con su perro delante de un piso pequeño y con pocas condiciones.
IA

Pareja joven con su perro delante de un piso pequeño y con pocas condiciones.

Una joven pareja de Girona, con ingresos estables y contrato fijo, lleva más de un año buscando un piso de alquiler sin éxito, enfrentándose a precios elevados, requisitos exigentes y la discriminación por tener mascotas.

La búsqueda de una vivienda de alquiler se ha convertido en una tarea titánica para muchas personas, incluida una joven pareja de Girona. A pesar de tener trabajo, contrato indefinido e ingresos estables, Aicha Tarik y su pareja, de 20 y 27 años respectivamente, llevan más de un año sin conseguir encontrar un lugar donde vivir. Trabajan en la comarca del Alt Empordà, ella como sociosanitaria en Castelló d’Empúries y él en el sector servicios en Empuriabrava. Su demanda es sencilla: "No buscamos lujo. Solo queremos un lugar donde vivir".
Su búsqueda se ha extendido más allá de sus lugares de trabajo, incluyendo municipios como Figueres, Roses, l'Escala, Ventalló, Vilabertran y Vilafant. Han llegado a considerar desplazamientos de hasta cuarenta o cincuenta minutos para ir a trabajar, asumiendo el coste de la gasolina y el desgaste del vehículo, pero la dificultad persiste.
Uno de los principales obstáculos con los que se enfrentan es la presencia de sus dos perros. Muchas puertas se cierran solo por este motivo. "No quieren animales en ningún sitio", lamentan. A pesar de ofrecerse a pagar seguros adicionales o asumir condiciones especiales, la respuesta suele ser negativa. "Para nosotros son familia. No los abandonaremos por encontrar un piso", afirman con contundencia.
La búsqueda se intensificó una vez ambos consiguieron un contrato fijo, considerado un requisito indispensable. A pesar de la dedicación diaria a buscar anuncios, llamar y visitar inmobiliarias, a menudo no llegan ni a ver el piso. "Muchas veces pides fiesta en el trabajo para ir a verlo y, antes de llegar, ya te escriben diciendo que está alquilado", explican, señalando la gran competencia y las condiciones a menudo abusivas que se acaban aceptando por miedo a perder la oportunidad.
El precio es otro factor determinante. Han llegado a plantearse destinar casi la mitad de sus ingresos, unos 800 euros mensuales, para una vivienda. Recuerdan un piso anunciado como dos habitaciones y 60 metros cuadrados que, en realidad, era un espacio minúsculo y poco habitable por 650 euros al mes.
También alertan del peligro de estafas, con anuncios atractivos que acaban pidiendo pagos previos. Además, los requisitos para acceder a un alquiler son cada vez más estrictos: nóminas recientes, contrato indefinido y ingresos que triplican el precio del alquiler, junto con varios fianzas y comisiones de agencia aún vigentes.
La contradicción entre el discurso social de amor por los animales y la realidad del mercado inmobiliario es evidente. "Nos llenamos la boca diciendo adopta animales, ama los animales… pero luego, a la hora de buscar piso, nadie los quiere", critican. El tamaño o raza de los perros también puede ser un factor de rechazo directo, cerrando aún más puertas.
En Empuriabrava, un problema añadido es que muchas viviendas son segundas residencias o alojamientos temporales, con una presencia mayoritaria de extranjeros que vienen por temporadas, limitando las opciones de alquiler permanente.
Ante la imposibilidad de encontrar un piso de alquiler, la pareja explora ahora la opción de comprar, una alternativa que no era su primera intención con solo veinte años, pero que parece la única vía para garantizar estabilidad.