Ruta por los puentes de Girona: un paseo arquitectónico sobre el río Onyar

La capital del Gironès, atravesada por cuatro ríos, ofrece un recorrido arquitectónico y paisajístico único sobre las aguas del Onyar.

Vista panorámica de las fachadas de colores de Girona sobre el río Onyar, con varios puentes cruzando el agua.
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Vista panorámica de las fachadas de colores de Girona sobre el río Onyar, con varios puentes cruzando el agua.

Una ruta a pie invita a los visitantes a recorrer los puentes más emblemáticos de la ciudad de Girona, destacando su arquitectura y las vistas de las famosas fachadas de colores sobre el río Onyar.

La ciudad de Girona es conocida por ser el punto de confluencia de cuatro ríos diferentes: el Onyar, el Ter, el Güell y el Galligants. Esta particularidad geográfica hace que la capital gerundense cuente con numerosos puentes, siendo el curso del Onyar, que atraviesa el centro, el que concentra los pasos más destacados y con diferentes estilos arquitectónicos.
Cruzar estos puentes permite contemplar la estampa más fotografiada de la ciudad: las famosas fachadas de colores que recuerdan a la capital de la Toscana, Florencia. El puente más moderno es el de Sant Feliu, que une el paseo Canalejas y la zona de la escultura del Culo de la Leona (Cul de la Lleona). La tradición dicta que quien quiera volver a la ciudad debe darle un beso simbólico al animal.
Uno de los pasos más históricos es el Pont de Pedra (Puente de Piedra), construido en el año 1856, que conecta el Barri Vell con el Eixample. Desde este punto se puede disfrutar de una vista privilegiada de las casas del Onyar. El recorrido puede continuar por el Pont d’en Gómez, obra de Lluís Homs que data de 1916, y que debe su nombre al propietario de la casa que tuvo que ser parcialmente derribada para permitir su edificación.
El puente más emblemático y fotografiado es el de les Peixeteries Velles (Pescaderías Viejas), también conocido como Pont del Ferro o Eiffel. Fue construido por los mismos talleres que levantaron la famosa torre parisina, y su color rojizo lo hace inconfundible. Finalmente, el paseo puede concluir en el Pont de Sant Agustí, que da acceso a la plaza homónima, conocida por su amplia oferta gastronómica.