La festividad gastronómica de este año llega con un desafío mayúsculo: la escasez de producto propio. El aumento de las temperaturas en el Maresme está alterando el equilibrio necesario para el crecimiento del guisante de la floreta, una joya culinaria que depende de la suavidad de la primavera y el frío moderado del invierno.
“"El cambio climático desbarata el guisante; nos encontramos con otoños demasiado cálidos que hacen que las plantas crezcan cuando no toca."
La Pesolada, nacida en 1994, se ha transformado en una herramienta de resistencia agraria. Mientras las variedades de invernadero ganan terreno, los restauradores de Caldes mantienen su apuesta por el producto de proximidad, ofreciendo menús especiales que resaltan el sabor único de la legumbre local.




