El edil repasó los cinco episodios de aguas torrenciales vividos en el municipio en los últimos siete años, destacando que la problemática se debe a la construcción del pueblo en una zona con muchos barrancos y la poca distancia entre el mar y la montaña del Montsià. Esta verticalidad provoca que el agua baje con mucha agresividad en poco tiempo, sin margen de reacción. Roig recordó que el informe de daños del primer episodio, en 2018, ascendió a 8 millones de euros, y las ayudas solo cubrieron un 10% del total, llegando dos años y medio más tarde.
“"Durante dos mandatos, he sido esclavo de las lluvias torrenciales. Estoy atado, no puedo avanzar por muchas ganas que tenga. Y esto a nivel psicológico genera un peso insostenible."
Una de las soluciones urgentes es la expropiación y demolición de las diez casas que cortan el paso del Barranc del Llop en la urbanización l'Estona d'Alcanar Platja, para facilitar la salida del agua. Roig celebró que la Generalitat haya dado luz verde a las tasaciones y negociaciones económicas, con el objetivo de finalizar el proceso en otoño de 2026.
“"Nosotros somos el obstáculo y tenemos que marcharnos de allí, en nuestras casas no se puede vivir más."
El alcalde justificó su renuncia por “coherencia” y por la necesidad de que la administración local sea liderada por una persona con plenas facultades y energía. Subrayó que los desastres ya no son eventos aislados, sino consecuencia directa del cambio climático, entrando en un “círculo vicioso de reparación-desastre”. Concluyó que el futuro de Alcanar estará marcado por la protección contra los fenómenos meteorológicos extremos, ya que “lo que nos tiene que venir, que es muy grave”.




