La cosecha de clementina en las Terres de l'Ebre se ha visto fuertemente afectada por dos factores principales: la entrada masiva de mandarinas de Sudáfrica en Europa en octubre, resultado de la política arancelaria de Donald Trump, y los episodios continuados de lluvias en la recta final de la cosecha.
En la cooperativa Exportadora d'Agris d'Alcanar, la producción ha caído un 40%, pasando de los 14 millones de kilos habituales a unos 10 millones. Además, las lluvias de diciembre provocaron la pérdida de 400.000 kilos de fruta. El productor Ramon Itarte, de Alcanar, que decidió esperar una remontada de precios, calcula haber perdido cerca de 300.000 kilos de clementina podrida en el árbol.
“"Ha sido la gota que ha colmado el vaso."
La llegada de cítricos de Sudáfrica y Egipto a través del puerto de Róterdam hizo caer los precios iniciales, que pasaron de 0,6 euros el kilo a desplomarse hasta los 0,3 euros. Federico Tarazona señaló que en octubre vendieron un 30% menos de kilos cada semana, reflejando la ralentización de la comercialización.
“"Entonces me dije: bueno, ya se arreglará un poquito. Dejemos que se acabe esta (entrada de fruta) de Sudáfrica y automáticamente la venderemos."
Los productores también se quejan de los gastos adicionales para limpiar las fincas y aplicar productos fitosanitarios para evitar hongos y enfermedades como la fitóftora, un coste que se agrava por las limitaciones de la Unión Europea en comparación con los países importadores. Ante el cambio climático, las cooperativas planean reducir el dominio de la variedad clemenules (actualmente 80%) para introducir variedades de 'segunda estación' como la nadorcott o tango.




