Durante las obras de los embalses del curso medio de la Noguera Pallaresa (Sant Antoni, Terradets, Camarasa y Sant Llorenç), la localidad de Tremp, que en 1912 tenía solo 2.000 habitantes, vio cómo el número de prostíbulos se elevaba hasta dieciséis. Este fenómeno se produjo en un contexto de gran afluencia de trabajadores, mayoritariamente hombres, que llegaron a la zona para trabajar en las presas de La Canadiense, aumentando la población hasta casi 3.500 vecinos a finales de la década siguiente.
“"Si no se entiende el contexto se corre el riesgo de banalizar la prostitución, y en este caso hablamos de un contexto de pobreza en el que la prostitución era un medio de supervivencia o un complemento para buscarla."
La explotación sexual dejó una huella significativa en la cultura popular de Tremp. La avenida de la Font Vella era conocida como El carrer de l’alba, y una vía cercana como El carrer de la bombeta, en referencia a los locales con luces distintivas. Incluso el precio del servicio, cinco pesetas (el equivalente a un jornal diario), generó expresiones populares despectivas.
La actividad fue objeto de debate en el Ayuntamiento de Tremp, que incluyó dos artículos sobre la prostitución en una ordenanza de 1923. Esta normativa permitía hasta siete mujeres por local, lo que implicaba una plantilla potencial de 112 prostitutas. Según las cartillas sanitarias del período 1913-1936, la mayoría de las mujeres tenían entre 23 y 24 años y su procedencia se fue ampliando desde provincias cercanas como Zaragoza, Tarragona y Castellón hasta toda la península Ibérica, con registros de mujeres francesas y brasileñas en 1936.




