La preparación de esta fiesta milenaria comienza meses antes con la selección y el corte de la madera en el bosque. Los participantes, conocidos como fallaires, se encargan de preparar los troncos para que sequen correctamente y garanticen una combustión óptima durante la noche de la celebración.
En localidades como Isil, en el Pallars Sobirà, la logística es especialmente exigente debido a la orografía del terreno. El recorrido, sin caminos marcados y con pendientes pronunciadas, está reservado a personas con experiencia, que cargan fallas de entre 20 y 50 kilos. Paralelamente, en Alins, la fiesta se abre a la participación ciudadana, con recorridos adaptados que parten desde la ermita de Sant Quirc.
El reconocimiento internacional de esta tradición llegó en 2015, cuando la Unesco declaró las Fallas, Haros y Brandons como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Desde entonces, el número de municipios que se han sumado a la celebración ha crecido significativamente, pasando de los 63 iniciales a los 94 actuales.




