El objetivo de alcanzar un 25% de peso industrial en el Producto Interior Bruto (PIB) catalán, una meta fijada hace años, sigue siendo un reto pendiente. Iniciativas como la convocatoria de empresarios en 2014 por parte del entonces presidente Artur Mas y el conseller Felip Puig, quienes reconocían el error de dejar crecer excesivamente los servicios en detrimento de la industria, no han logrado revertir la tendencia de manera significativa.
Los sucesivos Planes Nacionales de Industria (PNI), con presupuestos crecientes desde los 1.835 millones de euros de 2017 hasta los cerca de 5.000 millones previstos para el plan actual hasta 2030, incluyen ahora la industria alimentaria. Sin embargo, el impacto en el peso del sector en el PIB ha sido limitado: del 17,7% en 2014 al 17,2% en 2025, con pequeños repuntes puntuales. Estas cifras distan mucho del 24,3% registrado a principios de siglo.
A pesar del estancamiento en porcentaje, los datos absolutos muestran un notable crecimiento del valor monetario de la producción industrial. Desde 2014, el PIB industrial se ha elevado un 57,7%, alcanzando los 57.511 millones de euros en 2025, una progresión que se acelera especialmente a partir de 2020. No obstante, este incremento no se traduce en un mayor peso relativo, ya que el resto de la economía también ha crecido a un ritmo superior.
El sector industrial catalán se encuentra en un momento de transición marcado por retos como la adaptación del sector de la automoción a la movilidad eléctrica y la llegada de nuevos competidores. La necesidad de una mayor soberanía industrial en Europa y el impulso a sectores como la defensa, la seguridad, los chips, la inteligencia artificial y la ciberseguridad son nuevas prioridades. La posible instalación de una gigafactoría de IA en Móra la Nova ejemplifica esta nueva etapa, junto con la fortaleza de la industria química y farmacéutica.




