El autor nacido en Vila-seca de Solcina (1947) recopila en este nuevo volumen observaciones sobre el mundo cotidiano —desde la niebla de Alpicat hasta la presencia de sus nietos—, transformando la vida simple en palabra. Para Rovira, las ganas de vivir y las de escribir están íntimamente unidas, siendo la escritura el momento en el que vive con mayor intensidad.
“"Creo que la vejez es una edad bellísima. Me gusta ser viejo más de lo que me gustó ser joven. La juventud debe pasarse como una enfermedad."
El dietario también rinde homenaje a la amistad "fraternal" que mantuvo con el poeta Joan Margarit, a quien considera el hermano mayor que nunca tuvo. Además, Rovira subraya la importancia de la obra de Baudelaire, el poeta que más le ha emocionado, destacando su capacidad para decir cosas nuevas utilizando moldes clásicos, una lección que considera fundamental para cualquier escritor.
En un pasaje personal, el escritor explica su "victoria moral" al cambiarse oficialmente el nombre de Pedro a Pere, un nombre que le fue impuesto por el Franquismo. También critica la tendencia actual a juzgar el arte con criterios no artísticos, sin situar obras como las de Picasso o Baudelaire en su contexto histórico.




