El proyecto, presentado con un inusual despliegue promocional en 1974, preveía un hotel llamado Enric Granados, de cuatro estrellas (categoría 1 A) y 120 habitaciones. Además, incluía una residencia de tres estrellas, restaurante de alta gama, sala de convenciones, zona comercial, parking, gimnasio y piscina cubierta.
La junta directiva de Holesa estaba presidida por Francisco Pons Castellà, exalcalde de la ciudad, y contaba con figuras destacadas de la sociedad leridana como Alfons Porta Vilalta y Luis Cierco Soliva. El capital inicial era de 50 millones de pesetas, con un crédito oficial de 71 millones, y la empresa Dragados y Construcciones fue la responsable de la obra.
A pesar de la ambición y una ampliación de capital en 1976, el proyecto quedó paralizado durante cerca de diez años. Finalmente, en 1982 se encargó al arquitecto Guillermo Saéz Aragonés la reconversión de la estructura en pisos y apartamentos, que recibieron el nombre de Edificio Terraferma. Los primeros inquilinos entraron a partir de 1985, junto con organizaciones como la ONCE y la Federación de Hostelería.




