El interés por el patrimonio histórico y las celebraciones populares se ha convertido en un pilar fundamental para el sector. Este flujo de visitantes incluye tanto a turistas que pernoctan en el territorio como a aquellos que acceden para consumir cultura, en un contexto donde el reconocimiento de la Unesco ha ganado peso con seis elementos protegidos, como el románico de la Vall de Boí, las fiestas del fuego del Pirineo o las pinturas rupestres de la Roca dels Moros en El Cogul.
La oferta se diversifica con una amplia red de museos, rutas de castillos y eventos culturales que complementan los activos declarados patrimonio mundial. Estas propuestas, junto con el turismo industrial y agrario, atraen a un perfil de visitante con una capacidad de gasto media y alta, siguiendo la tendencia estatal donde el turismo cultural mueve millones de viajes cada año.
“"El patrimonio cultural y las fiestas populares forman parte del ADN de Lleida y mueven a mucha gente. La cultura es nuestra expresión más genuina."




