La imprenta escondida: memoria republicana y pedagógica en Lleida

Un recuerdo de infancia sobre una imprenta Freinet en Lleida revela la represión franquista y la labor pedagógica de maestros republicanos.

Imagen de piezas de tipografía de madera antiguas en una caja de madera.
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Imagen de piezas de tipografía de madera antiguas en una caja de madera.

Un recuerdo de infancia sobre una imprenta de tipo Freinet en el desván de una casa de Lleida evoca la represión franquista y la labor pedagógica de maestros republicanos.

Un antiguo juego infantil, una caja de madera con piezas de letras en relieve, ha servido como detonante para recuperar la memoria de una época convulsa en Lleida. El autor rememora cómo su familia escondía este utensilio, llamado por él "la imprenta del Casamajó", desconociendo su verdadero significado y peligro durante la dictadura franquista.
Años después, se descubrió que se trataba de una imprenta Freinet, una herramienta pedagógica clave para maestros republicanos como Josep Casamajó Palau. Casamajó pertenecía al grupo Batec, un colectivo de maestros de Lleida comprometidos con una escuela renovada durante la Segunda República. Fue director de la escuela de Menàrguens, donde impulsó la revista pedagógica Inquietud, con colaboraciones de otros docentes como Lluís Aigé, Enriqueta Pocurull y Ambrosina Roca. La publicación llegó a tener 10 números y se envió hasta la Argentina, pero cesó con el estallido de la Guerra Civil en julio de 1936.
La trayectoria de Casamajó se remonta a 1918, cuando fue el primer maestro de la escuela de Butsènit, cobrando dos pesetas diarias. En 1921, participó en las labores de rescate durante la "catástrofe de Butsènit", donde 33 personas perdieron la vida ahogadas tras un aplec.
Al finalizar la Guerra Civil, Josep Casamajó fue condenado a muerte bajo cargos como ser afecto a la República, poseer el carnet de un sindicato de maestros y enseñar en catalán. Murió de neumonía en la prisión de Lleida mientras esperaba la conmutación de la pena por el exilio. Su viuda e hijo tuvieron que huir a Brasil, donde aún residen sus descendientes.
La imprenta, testigo silencioso de esta historia, ya no existe. Se extravió hace años, probablemente durante unas obras, dejando solo el recuerdo de los juegos infantiles en el desván de cal Cuadrat.