Esta área, conocida también como la Franja de Aragón y que incluye comarcas como la Ribagorza, la Litera, el Bajo Cinca y el Matarraña, se percibe como un territorio en constante tensión. Históricamente, ha sido un punto de paso y de confluencia, pero actualmente se enfrenta a un futuro incierto.
La situación actual no es nueva, ya que la lengua catalana ha sufrido ataques en el pasado, desde el franquismo hasta eventos más recientes. Sin embargo, la preocupación crece ante la percepción de que la Franja se ha convertido en un espacio donde se experimenta con la cultura, la historia y el paisaje, con el riesgo de verlo todo arrasado.
La Franja se ha convertido, porque la hemos convertido, en un no-lugar: una Franja anónima. Furtiva, clandestina, callada.
Esta región, a pesar de su proximidad a ciudades como Lleida y Zaragoza, a menudo se percibe como un lugar lejano e invisible. Sus pueblos y su gente se encuentran en una lucha constante por la supervivencia, intentando preservar su identidad y su lengua. Actualmente, se calcula que hay unos 55.000 hablantes de catalán en un Aragón con 1,36 millones de habitantes.
La resistencia y el esfuerzo por mantener viva la lengua y la cultura son palpables, con una necesidad creciente de comunicarse y expresarse. La Franja, con su singularidad, es vista como una parte esencial de la identidad colectiva.




