Esta cifra no solo representa una pérdida de alimentos, sino que también tiene un impacto significativo en el uso de recursos. El agua asociada a los alimentos que se desperdician en Cataluña equivale a más de 14.000 piscinas olímpicas, un volumen que podría cubrir el consumo doméstico de toda la población durante más de un mes.
El fenómeno del desperdicio alimentario también tiene una importante repercusión económica. Antes de que los alimentos lleguen al mercado, se pierden cerca de 173.000 toneladas anualmente en Cataluña, generando un coste que supera los 900 millones de euros cada año.
Desde Riudarenes, la Fundación Emys lidera diversas iniciativas para sensibilizar a la ciudadanía y fomentar cambios de hábitos en el consumo. A través de talleres y actividades de cocina de aprovechamiento, la organización busca reducir el desperdicio en los hogares catalanes.
Un ejemplo destacado es el proyecto Rebost de Can Moragues, que durante el 2025 logró recuperar más de 900 kilogramos de fruta y verdura, dándoles una segunda vida mediante la cocina y evitando así que terminaran en la basura.




