Según la Fundación Bofill, la segregación en Tarragona refleja las desigualdades sociales existentes. La eliminación de líneas de I3 en la Escuela de Prácticas y la Escuela El Miracle ha puesto de manifiesto la complejidad de aplicar políticas de equilibrio sin consenso.
La falta de transparencia en la toma de decisiones ha generado desconfianza entre las familias y los docentes. Se critica que la planificación administrativa se imponga a las necesidades educativas, lo que podría perpetuar la concentración de alumnado vulnerable en determinados centros.
Para combatir este escenario, se propone dotar a los centros de mayor complejidad con más recursos, mejores ratios y programas de excelencia. El reto es convertir estas escuelas en referentes de innovación para romper el círculo vicioso que vincula diversidad con baja calidad.




