La evolución de la lengua ha dejado un rastro de denominaciones singulares. Uno de los casos más destacados es el de La Seu d'Urgell, donde sus habitantes reciben el nombre de urgellencs (urgelenses), una palabra que se complica al referirse a la comarca del Alt Urgell.
En las comarcas de Tarragona, la historia feudal y la etimología árabe marcan la pauta. En Tàrrega, el término targarino podría derivar del árabe at-tariga. Por su parte, en Torredembarra, el nombre proviene de la antigua Torre d'en Barra, dando lugar al gentilicio torrenc.
“"Cuando inauguraron el campanario gótico de Reus, colgaron de un gancho a un asno para que admirara la magnitud de la obra."
El legado de la antigua Hispania romana sigue vivo. En Barcelona se mantiene el término barcinonense, mientras que en Lleida (antigua Ilerda) convive el nombre de ilerdense. En Tarragona y Girona, las formas tarraconense y gerundense recuerdan el pasado de Tarraco y Gerunda.




