El templo, ubicado en Vistabella, un pequeño núcleo del Tarragonès, se encuentra en un entorno boscoso que actúa como refugio visual y paisajístico de la refinería de Repsol. Esta zona, históricamente fértil y colonizada por los romanos, alberga hoy el clúster petroquímico más grande del sur de Europa, contrastando con la singularidad de la obra de Jujol.
Localidades vecinas como La Secuita, La Pobla, El Morell, Puigdelfí y Perafort han visto sus contornos invadidos por la infraestructura industrial, creando un paisaje que el autor de la crónica compara con una escenografía distópica, evocando la película Blade Runner.
Aquí en medio, en este punto fatigado del territorio está Jujol, con sus sueños transformados en arquitectura.
La arquitectura de Jujol en Vistabella destaca por su filosofía de proximidad y reutilización de materiales humildes. El artista transformó objetos cotidianos como latas en lámparas, rejas en crismones y una sulfatadora en sagrario, utilizando piedras y restos para crear un mobiliario y una estructura únicos.
Este “cofre de belleza” se mantiene en pie, resistiendo los años de indiferencia y la velocidad de un presente que avanza en sentido contrario a la poética y la artesanía. La iglesia se alza como un testimonio en alerta y un refugio para aquellos que buscan la llama frágil del Arte.




