Los trabajos comienzan con un banco de pruebas de tres meses de duración y una inversión de 660.000 euros. El objetivo es validar la seguridad de la estructura antes de proceder al dragado total de este muelle, que cuenta con una extensión de 700 metros.
La técnica elegida es el jet-grouting, que refuerza el subsuelo mediante inyecciones de cemento a alta presión. Esta innovación permite fijar los cimientos de hormigón antes de retirar material del fondo marino. En el tramo central, el más crítico, se excavarán hasta 3,5 metros de profundidad adicional.
Para proteger el entorno marino, se han previsto cortinas antiturbidez que evitarán la dispersión de sedimentos. Esta mejora técnica consolidará al Puerto de Tarragona como un nodo logístico clave en el Mediterráneo, eliminando las actuales restricciones de calado.




