La nueva ley antitabaco, pendiente de trámite en el Congreso, equiparará los productos que imitan o se asocian al acto de fumar al tabaco convencional. Esto incluye la prohibición de su consumo por parte de menores de edad y la regulación de los lugares donde no se podrá fumar.
En Tarragona, los datos de la encuesta anual y anónima que realiza el Departamento de Salud Pública entre alumnos de instituto revelan un aumento alarmante: el uso de vapeadores ha pasado del 4% en 2015 al 22,7% actualmente. Esta tendencia ha llevado a adelantar los talleres de prevención del consumo dirigidos a estudiantes de primero y segundo de ESO (12 y 13 años).
Uno de los principales problemas identificados es la baja percepción del riesgo entre la ciudadanía, especialmente los jóvenes. Aunque hay menos datos que sobre el tabaco convencional, se ha confirmado que el vapor inhalado contiene metales pesados procedentes de los propios dispositivos. Además, se han detectado enfermedades específicas como la EVALI (lesión pulmonar asociada al vapeo) en pacientes jóvenes, como el caso reciente de una joven de 19 años en el Hospital Clínic.
La industria utiliza estrategias agresivas para atraer a los jóvenes, con vapeadores decorados con personajes populares y aromas atractivos como fresa, vainilla o galletas. Los especialistas recuerdan que iniciarse en el vapeo, incluso sin nicotina, incrementa entre dos y tres veces la probabilidad de acabar fumando tabaco convencional, ya que automatiza el gesto y facilita la transición.
Finalmente, se subraya que el vapeo también genera humo de segunda mano e incluso de tercera mano, que se adhiere a superficies, afectando a las personas del entorno.




