Las olas de calor y la persistencia de la sequía han forzado a los viticultores de la DO Tarragona a iniciar la vendimia de manera excepcionalmente temprana. En la plana del Camp de Tarragona y la Ribera d’Ebre, algunas bodegas comenzaron a cosechar la primera semana de agosto, dos semanas antes de lo habitual. La falta de agua desde junio ha impedido que los granos de uva se hincharan adecuadamente, resultando en una disminución del volumen de producción.
A pesar de las condiciones climáticas adversas, los elaboradores prevén una cosecha sana y de calidad, con una producción estimada similar a la del año pasado, cuando se alcanzaron 2,2 millones de kilos. La viña se mantiene sana gracias a la poca hidratación, que ha evitado la aparición de hongos. La presidenta de la DO Tarragona, Maria Rosa Blanch, señala que la principal diferencia se notará en el grado alcohólico de la uva, que podría ser ligeramente inferior en el Camp de Tarragona en comparación con la Ribera d’Ebre.
El adelanto de la vendimia ha generado retos organizativos, especialmente en la búsqueda de mano de obra. La urgencia y el estrés son componentes destacados para los viticultores en esta campaña. Además, la reducción del consumo de vino a nivel mundial y el stock existente del año anterior amenazan con una bajada de los precios, creando un desequilibrio en el mercado.
La DO Tarragona, que agrupa 26 bodegas, mayoritariamente pequeñas y con producciones limitadas, confía en la comercialización local y catalana, con un peso importante de la Costa Daurada. Blanch defiende el valor de los vinos de proximidad y la consolidación de la tradición vitivinícola de la región, que celebra sus 80 años. Se destaca la importancia de promover la salida al mercado internacional, con un apoyo adecuado de las administraciones para las pequeñas bodegas.




