Las narcolanchas han reducido drásticamente su presencia en las costas de Tarragona, marcando un cambio significativo en las operaciones de las organizaciones criminales. Hace unos años, el litoral tarraconense era una de las principales vías de entrada de hachís a Europa, pero ahora las mafias han reorientado sus negocios hacia la cocaína y el tráfico de personas, considerados más rentables y con menos riesgos.
El jefe de la Unidad Orgánica de Policía Judicial de la Guardia Civil de Tarragona, el capitán David Herreras, explica que la provincia ha dejado de ser atractiva para muchas redes dedicadas al hachís. Desde principios de 2025, se ha observado un descenso en los alijos y la detección de embarcaciones, una tendencia atribuida tanto a la presión policial de los últimos años como a la transformación del mercado internacional de drogas.
Las investigaciones policiales entre 2021 y 2024 dificultaron el asentamiento de estas organizaciones, haciendo que considerasen Tarragona un territorio complicado. Históricamente, el sur de Cataluña ya se utilizaba para el contrabando de tabaco y reunía condiciones favorables como playas extensas y una orografía que facilita la vigilancia.
La cocaína, en cambio, llega mayoritariamente por otras vías, como contenedores marítimos o buques de carga. Aun así, la frontera entre los negocios se difumina, ya que se han detectado paquetes de cocaína en alijos de hachís. Las estadísticas reflejan esta evolución, con numerosos decomisos de hachís entre 2021 y 2023 en playas como Waikiki, Riumar, La Móra y Tossa de Mar, así como operaciones de los Mossos d’Esquadra.
La presión policial ha obligado a las organizaciones a movilizar más infraestructura, incluyendo combustible, embarcaciones auxiliares y vigilancia, aumentando la exposición y facilitando la labor policial. Esta complejidad también requiere reclutar a más personas, creando estructuras fragmentadas donde el propietario de la droga puede estar en el norte de África mientras otras células se encargan del desembarco y transporte.
El cambio en el mercado internacional de la droga, con una disminución del precio de la cocaína por sobreproducción, es un factor clave. La 'ruta inversa' permite intercambiar hachís por cocaína, haciendo que esta última sea una mercancía mucho más protegida. La pérdida de un alijo de cocaína representa una pérdida económica mucho mayor que la de hachís, lo que ha endurecido las medidas de seguridad, incluyendo el uso de armas largas para protegerse de la policía y de bandas rivales.
Algunas organizaciones utilizan ahora embarcaciones modificadas para el tráfico de personas, una actividad más rentable ya que el pago se realiza antes del viaje. Esta mutación, sumada a la transición hacia la cocaína, explica por qué el descenso de los desembarcos de hachís no implica necesariamente una reducción de la actividad criminal, ya que las estructuras y la logística continúan existiendo, orientadas a nuevos negocios.




