La exposición 'Mirada mediterrània' reivindica a Sorolla y sus vínculos con el Camp de Tarragona

La muestra en el Castell de Vila-seca explora la relación del pintor valenciano con el territorio, destacando la influencia de Marià Fortuny.

Imagen genérica de un paisaje mediterráneo iluminado por el sol.
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Imagen genérica de un paisaje mediterráneo iluminado por el sol.

La exposición 'Mirada mediterrània', abierta en el Castell de Vila-seca hasta el 14 de septiembre, reúne medio centenar de obras para explorar la visión artística del Mediterráneo, con Joaquín Sorolla como figura central y su relación con el Camp de Tarragona.

La muestra 'Mirada mediterrània', inaugurada en marzo en el Castell de Vila-seca, se centra en la figura de Joaquim Sorolla y su conexión con el Camp de Tarragona. Con medio centenar de obras de quince artistas, la exposición, que podrá visitarse hasta el 14 de septiembre, explora el paisaje, la luz y la cultura mediterránea, al tiempo que reivindica los lazos del pintor valenciano con el territorio, especialmente con Reus.
Siete piezas de Sorolla ocupan un lugar destacado, mostrando su interpretación del Mediterráneo. El comisario, Damià Amorós, señala que la presencia del pintor es la 'piedra angular' de la exposición, ya que permite desarrollar el relato sobre la visión artística mediterránea y descubrir 'otro Sorolla' y una 'otra visión artística de nuestro entorno'.
La muestra pone énfasis en la relación de Sorolla con el Camp de Tarragona, a menudo eclipsada por su asociación con Valencia. Amorós defiende que este vínculo 'no es anecdótico', sino que incluye una 'amistad y admiración' con elementos del territorio, como la figura de Marià Fortuny, el monasterio de Poblet y el conde de Artal.
La influencia de Marià Fortuny, pintor reusense, es clave para entender la conexión de Sorolla con Reus. Según Amorós, Sorolla viajó a Roma para estar más cerca de Fortuny, e incluso adquirió una mesita del pintor catalán. Sus biografías presentan paralelismos familiares, sociales y formativos que facilitaron la aproximación de Sorolla al Camp de Tarragona.
La admiración mutua se refleja en la forma en que ambos artistas encontraron en la luz, los cielos, las playas y las calas del Mediterráneo gran parte de su 'corpus creativo'.
La fascinación de Sorolla por el monasterio de Poblet, símbolo cultural del siglo XIX, también se destaca. Amorós explica que Sorolla veía en él una conexión con el panteón real y Jaume I. El Museo Sorolla de Madrid conserva correspondencia y una pieza procedente de un retablo pobletano.
El pintor también visitó el Serrallo de Tarragona mientras preparaba la obra 'Catalunya, el peix', evidenciando su interés por el litoral sur catalán, aunque la composición final incluyera elementos de Girona y Barcelona.
La muestra recupera la relación menos conocida de Sorolla con Antoni Gaudí, encontrada en Barcelona hacia 1915, posiblemente a través de Eusebi Güell. Sorolla mostró 'admiración por la obra de Gaudí', reforzando su conexión indirecta con Reus y el Camp de Tarragona.
El Museo de Reus conserva dos obras de Sorolla, una de las cuales se expone en el Castell de Vila-seca. Amorós reivindica el museo como una institución relevante, aunque las piezas no formen parte del relato permanente, dado que Sorolla 'no es de Reus', a pesar de que el pintor 'estaría encantado de compartir espacio con Fortuny, Gaudí, Galofre, Mir o Tapiró'.
La exposición subraya a Sorolla como un gran pintor mediterráneo, con la luz intensa, el movimiento del mar y los paisajes costeros como ejes centrales. Artistas como Joaquim Mir, Baldomer Galofre, Martí Alsina y el propio Sorolla dialogan en un relato visual centrado en el paisaje mediterráneo.
Amorós destaca a Martí Alsina como figura fundamental en esta genealogía artística, considerándolo el 'padre' que conecta con la escuela de Llotja y llega hasta Tarragona. La muestra busca 'reconectar el Camp de Tarragona con su memoria artística y mediterránea'.
El comisario también valora el Castell de Vila-seca como un 'polo cultural de primer nivel', destacando sus más de 50.000 visitantes en una década y la apuesta por exposiciones nacionales, consolidándose como una pieza clave del tejido cultural del país.