La iniciativa de Adif busca reducir la contaminación sonora del tráfico ferroviario, pero tanto el partido como la entidad vecinal consideran que la solución propuesta es desproporcionada. Alertan de que el impacto visual de estas estructuras de cinco metros sería contraproducente para la estética de la ciudad.
La principal preocupación reside en la afectación al patrimonio histórico, especialmente en la zona del Anfiteatro romano. El rechazo se fundamenta en que una barrera de tal magnitud rompería la armonía visual de uno de los monumentos más emblemáticos de la antigua Tarraco.
En su lugar, proponen la adopción de una tecnología alternativa consistente en minibarreras de hormigón de apenas 1,35 metros. Según defienden, este sistema garantiza la misma eficacia contra el ruido pero con una integración mucho más respetuosa con el entorno urbano y monumental de Tarragona.




