Esta iniciativa traslada el aprendizaje del aula al entorno cotidiano, ofreciendo a los estudiantes la oportunidad de interactuar en catalán sin la supervisión directa de los profesores. El objetivo es que los participantes pierdan el miedo a utilizar el idioma y se integren mejor en la sociedad catalana.
Un ejemplo de esta metodología es el caso de una alumna de origen colombiano, que practica en el Celler Rovira de Tarragona. Ella, médica de profesión, llegó a Catalunya hace tres años y actualmente cursa el nivel elemental de catalán. Explica que su principal dificultad es la pronunciación de la 'r' al final de los verbos, un rasgo distintivo respecto al castellano.
“"A veces me confundo y me sale alguna palabra en castellano, pero bueno, es normal."
El propietario de la bodega, de origen italiano, ha aprendido catalán de forma autodidacta a través de la interacción social y el consumo de medios de comunicación locales. Esta experiencia personal lo convierte en un colaborador ideal para el programa, ya que entiende las dificultades de los aprendices.
Otro establecimiento participante es Casa Jardí, especializado en frutos secos, donde una alumna de origen marroquí, que cursó primaria en Catalunya y ha regresado recientemente, también realiza sus prácticas. Su objetivo es integrarse plenamente y mejorar sus oportunidades laborales, ya que aspira a ser profesora de español y quiere comunicarse en catalán con la gente de la región.
“"Los alumnos cuando vienen hacen la práctica en un entorno que todos sabemos que están haciendo una práctica, y nosotros damos a conocer nuestra tienda. Ganamos ambas partes."
La propietaria de Casa Jardí, que colabora con el programa desde hace siete años, destaca el beneficio mutuo de esta iniciativa, que no solo ayuda a los estudiantes, sino que también promociona los comercios locales. El año pasado, 211 alumnos participaron en estas prácticas lingüísticas en Tarragona.




