La doble crisis de infraestructuras, que incluye el corte de la autopista AP-7 en sentido sur entre Martorell y Sant Sadurní d'Anoia, y la grieta detectada en el túnel de Rubí, ha paralizado rutas esenciales para la conexión de mercancías entre la Península y Europa. La AP-7 es un punto neurálgico por donde circulan 25.000 camiones cada día.
“"No solo las estamos usando nosotros, sino que las está usando todo el mundo."
La Asociación General de Transportistas de Cataluña (AGTC) ha calculado que las pérdidas para el sector ascienden a 2 millones de euros diarios. Las rutas alternativas por carretera, como la C-32, la A2, la N-340 y la C-25, están colapsadas y no fueron diseñadas para absorber este volumen de tráfico desviado, lo que genera importantes sobrecostos y retrasos.
“"Ahora mismo estamos usando vías alternativas que en ningún caso se pensaron para hacer esta operativa que estamos haciendo ahora mismo."
La afectación es especialmente crítica para los puertos de Barcelona y Tarragona. En el Puerto de Tarragona, cerca de cuarenta trenes se han visto impedidos de operar esta última semana, impactando aproximadamente 15.000 toneladas de mercancías, incluyendo cereales, vehículos y acero. El Ministerio de Transportes estima que la reapertura completa de la AP-7 en sentido sur no será posible hasta la semana del 9 de febrero.




