El vestíbulo de la estación de Tarragona presentaba un aspecto desolador el jueves por la mañana, con pocos usuarios esperando la reanudación del servicio o que algún familiar los recogiera. Los andenes estaban vacíos, solo con personal de seguridad y trabajadores de Renfe, y cinco convoyes parados en las vías. Los informadores comunicaban a los pasajeros que llegaban que el servicio estaba suspendido.
Una de las afectadas era Marga, una viajera de la R-16 que había subido al tren en l'Ametlla de Mar. Su indignación se debía a que no fueron informados de que el regional acabaría el trayecto en Tarragona hasta que llegaron a Vila-seca.
“"Es una mierda, es una incertidumbre."
Además de la falta de información previa, los usuarios lamentaron que la operadora no les ofreciera ningún servicio de transporte alternativo para continuar su viaje, aumentando la sensación de desesperación e incertidumbre entre los afectados.




