Torredembarra recupera Els Pastorets después de treinta años de ausencia

Cinco jóvenes de 19 años de la Associació de Joves de Torredembarra impulsan la reposición de la obra en el Casal Municipal.

Elementos de escenografía y vestuario de una obra teatral tradicional catalana, como máscaras o atrezzo de pastores.
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Elementos de escenografía y vestuario de una obra teatral tradicional catalana, como máscaras o atrezzo de pastores.

La Associació de Joves de Torredembarra, impulsada por cinco jóvenes de 19 años, ha logrado reponer la obra teatral tradicional Els Pastorets en el Casal Municipal, con tres representaciones previstas para los días 23 y 28 de diciembre y el 4 de enero, tras casi treinta años de ausencia.

Els Pastorets (Los Pastorcillos) es una de las obras más representadas del teatro catalán, con versiones destacadas como las de Serafí Pitarra, Josep Maria Folch i Torres y Ramon Pàmies y mossèn Miquel Ferrer. En Torredembarra, la reposición es especialmente significativa, ya que la última vez que se representó fue hace casi tres décadas.
La iniciativa surge de la recientemente creada Associació de Joves de Torredembarra, liderada por cinco jóvenes de 19 años: Mireia Figueras, Núria Martínez, Júlia Salvador, Noelia Perelló y Marina Bonet. Estas jóvenes han recibido un amplio apoyo del pueblo, contando con actores locales y el director Joan Maria Vidal.

El valor de las tradiciones radica en mantenerlas y conforman el universo de la cultura popular que nos dice quiénes somos y dónde estamos.

Para sacar adelante la producción, que incluye la renovación de vestuario, escenografía y atrezzo, se ha utilizado un Verkami y una subvención del Ayuntamiento. Las entradas ya se han puesto a la venta con una gran respuesta y también se podrán adquirir en taquilla antes de cada función.
Históricamente, Els Pastorets sirvieron como un reducto de la lengua y la cultura catalana durante el franquismo, ya que a menudo se representaban en centros católicos protegidos por el Concordato entre la Santa Sede y el régimen. Esto permitió que la lengua catalana mantuviera una esfera pública de libertad.