La nueva gestión del arbolado urbano evoluciona hacia un modelo más sostenible, basado en el conocimiento científico y los criterios del Estándar Europeo de Poda. Se dejan atrás las prácticas de podas severas e intervenciones sistemáticas para respetar la forma natural de cada árbol, preservar su salud y garantizar una convivencia segura con el entorno urbano.
Los árboles son considerados un elemento esencial del municipio, ya que proporcionan sombra, mejoran la calidad del aire, favorecen la biodiversidad y hacen los espacios públicos más agradables. Las actuaciones de poda se planifican de manera selectiva y se realizan solo cuando hay un motivo justificado, como garantizar la seguridad, facilitar la movilidad, evitar conflictos con el entorno o favorecer el desarrollo de los árboles jóvenes y adultos.
Esta nueva orientación rechaza prácticas como el desmoche o la poda en 'cola de león', que pueden debilitar el árbol y generar rebrotes inestables. Se priorizan los cortes pequeños y selectivos, manteniendo la estructura natural de cada ejemplar. Tampoco se considera necesario podar un árbol simplemente porque pierda hojas, flores o frutos, ya que forma parte de su ciclo biológico.
La gestión también tiene en cuenta la protección de la fauna. Antes de las intervenciones, se revisa la presencia de nidos activos y especies protegidas. Las ramas secas pueden conservarse para favorecer la biodiversidad, siempre que no representen un riesgo. Las tareas las llevan a cabo profesionales cualificados, con una valoración individual de cada árbol.
El objetivo es conservar los beneficios ambientales y sociales de los árboles y garantizar que sigan formando parte del paisaje del municipio durante muchos años, apostando por un arbolado urbano más saludable, seguro y duradero.




