La Fuliola ha decidido hacer una pausa en la celebración de sus tradicionales Fiestas del Segar i el Batre. Esta parada, que interrumpe la que sería la 46ª edición, tiene como objetivo principal replantear el futuro de la fiesta y asegurar su continuidad. Se compara este periodo con un barbecho agrícola, un tiempo de reposo para renovar energías e ideas antes de retomar la siembra.
En los últimos años, la fiesta ha experimentado una pérdida de impulso a pesar de los esfuerzos organizativos para introducir novedades. La presidenta de la asociación, Lluïsa Solsona, ha señalado que la pausa servirá para adaptar el certamen a las nuevas tendencias sociales, reconociendo la necesidad de "muchos cambios". Se considera la posibilidad de que una institución con más recursos asuma la organización principal, mientras la entidad actual pasaría a un rol de apoyo, aunque todavía no hay decisiones tomadas.
Uno de los retos fundamentales es la falta de relevo generacional, un "problema cultural y de ciudadanía" que dificulta encontrar personas dispuestas a implicarse. Solsona también destaca un cambio en el interés del público; las recreaciones de tareas agrícolas antiguas, que antes atraían a muchos visitantes, ahora tienen menos impacto. Además, la disminución de segadores y trilladores veteranos dificulta el mantenimiento de las demostraciones tradicionales.
A pesar de estos desafíos, la organización ha intentado adaptarse potenciando actividades familiares, infantiles y exposiciones artísticas. Desde el 2022, la fiesta ya había reducido su formato a un solo fin de semana por limitaciones de recursos humanos y económicos.
Para mantener el vínculo con la comunidad, la entidad organizará una cena popular el próximo 4 de julio en l'Era. El objetivo es preservar el vínculo emocional y crear un espacio para la reflexión colectiva, con la esperanza de que de este espacio surjan nuevas ideas o personas dispuestas a participar en el futuro del certamen.
Las fiestas, que muestran antiguas tareas del campo como la siega a mano o mecanizada y la trilla, se detienen ahora con la esperanza de volver renovadas. El reto es encontrar una fórmula que conecte con las nuevas generaciones sin perder su autenticidad como referente del patrimonio agrícola.




