Las celebraciones, que comenzaron el día 9 de mayo, han contado con una respuesta masiva por parte de los ciudadanos, que se han involucrado plenamente en la diversidad de eventos. A pesar de una climatología variable propia del mes de mayo, con chubascos, sol y viento, que obligó a modificar algunos horarios y emplazamientos, la participación fue constante y numerosa.
Las celebraciones religiosas fueron especialmente solemnes y vividas, llenando la parroquial de Santa Maria de l’Alba. Estos actos pusieron de manifiesto, un año más, la profunda devoción y el respeto que los habitantes de Tàrrega sienten por sus patronos.




