El Festival de los Pueblos de España: 50 años de resistencia democrática en Sabadell

El Estadio Municipal acogió un multitudinario acto político y cultural que desafió a la dictadura franquista hace medio siglo.

Imagen genérica de una multitud joven en un estadio con banderas.
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Imagen genérica de una multitud joven en un estadio con banderas.

Hace cincuenta años, en junio de 1976, Sabadell fue el escenario del Festival de los Pueblos de España, un evento que congregó a entre 15.000 y 20.000 personas en un acto de resistencia democrática contra la dictadura franquista.

El 20 de junio de 1976, el Estadio Municipal de la Nova Creu Alta fue el epicentro del Festival de los Pueblos de España, un evento que congregó entre 15.000 y 20.000 asistentes, en su mayoría jóvenes provenientes del área metropolitana de Barcelona. Según Joan Moles, uno de los organizadores y entonces presidente de la Federació d’Associacions de Veïns de Sabadell (FAVS), fue uno de los actos cívicos, culturales y políticos más relevantes bajo la dictadura franquista.
La organización del festival surgió de la Joventut Comunista de Catalunya (JCC), vinculada al PSUC, en un contexto de fuerte movilización opositora. Cuatro meses antes, en febrero de 1976, una Huelga General Política había forzado la dimisión del alcalde falangista de Sabadell. La iniciativa para el festival comenzó a gestarse en abril de 1976 con la creación de una coordinadora de grupos juveniles.
Para obtener los permisos de las autoridades franquistas, la Coordinadora de Centres Culturals y la FAVS figuraron como organizadores, presentando el acto como clausura del 'Mes de la Joventut'. Estos centros culturales habían sido promovidos durante la década de 1960 con el apoyo de la Asociación Catòlica de Dirigentes, presidida por Antoni Forrellad.
Quim Góngora, también organizador y militante de la JCC, relató la tensa reunión en el Ayuntamiento para solicitar los permisos al teniente de alcalde falangista, Juan Bernabeu González. Se impusieron condiciones restrictivas, como la prohibición de pisar el césped o la necesidad de un permiso del Ministerio de Defensa para los globos del espectáculo, argumentando posibles interferencias con el campo de aviación cercano.
El día antes del festival, Joan Moles fue convocado a la comisaría de la Policía Armada. Allí, representantes de la policía uniformada y de la Brigada Político-Social le comunicaron advertencias y prohibiciones: se debía impedir la exhibición de banderas no autorizadas, evitar gritos contra el régimen, no distribuir propaganda subversiva y dispersarse pacíficamente.
A pesar de las restricciones, el día del festival, miles de jóvenes asistieron, muchos exhibiendo banderas prohibidas y profiriendo consignas antifranquistas. Actuaron artistas como José Antonio Labordeta, Miró Casabella, Al Tall, Enrique Morente, UC, Elisa Serna y Oskorri. Canciones como 'Canto a la libertad' o 'L'estaca' tuvieron un gran eco.
Durante el evento, se guardó un minuto de silencio por los fallecidos en la lucha por las libertades. Se repartieron octavillas, se cantó 'La Internacional' y ondearon banderas como la ikurriña y la senyera. Antes de la actuación final de Lluís Llach, se pronunciaron parlamentos sobre el Congrés de Cultura Catalana y el apoyo al pueblo saharaui.
Al finalizar el festival, un grupo de unas 300 personas marchó en manifestación hacia la plaza Marcet, disolviéndose ante la presencia policial. Joan Moles describió una notable presencia de jóvenes con banderas plegadas y un ambiente generalmente animado, a pesar de la vigilancia policial.
Al día siguiente, Moles fue interrogado en comisaría por el gobernador civil, quien estaba molesto por el evento. Se le preguntaron detalles sobre las banderas exhibidas, los parlamentos, la distribución de propaganda y la organización de la manifestación posterior.
El capitán de la policía armada comentó a Moles que, si hubiera recibido la orden, habría podido desalojar el campo de fútbol. Moles defendió que el acto había transcurrido sin incidentes graves y que representaba una muestra de civismo, en línea con la normalización democrática anunciada por el gobierno.
A pesar del éxito de público, el festival generó un "déficit bestial" debido a una masiva falsificación de entradas, lo que impidió el pago de los honorarios de los artistas. La ejecutiva del PSUC tuvo que asumir la deuda, con algunos artistas renunciando al cobro o recibiendo pagos de particulares.
Posteriormente al festival, se perfiló la coordinación de los sectores juveniles bajo la denominación de Gestora del I Congrés de la Joventut Catalana, según relata Jordi Serrano.