Nacido en 1834 en una familia de fabricantes textiles, Crespí destacó desde joven por su compromiso con el republicanismo clandestino. Junto a su amigo Josep Roca Armengol, actuó como mediador entre obreros e industriales, participando activamente en la resolución de conflictos laborales como la huelga de hiladores de 1855.
Con el estallido de la Revolución Gloriosa en 1868, su influencia política creció. Como comandante de los Voluntarios de la República, tuvo que hacer frente a la amenaza carlista. La situación llevó al ayuntamiento a tomar medidas extremas para financiar la defensa, incluyendo la compra de 1.000 fusiles Remington en Londres.
“"La gente devota se horrorizaba de aquella profanación y corrió la voz de que tendrían la misma suerte la custodia y el tesoro eclesial."
Ante la falta de recursos, Crespí subastó imágenes religiosas y vendió las campanas de iglesias como Sant Fèlix para recaudar fondos. Estas acciones permitieron armar al batallón de la Guardia Republicana en un momento crítico para el régimen federal.




