La vida de Paola Falicoff, residente en Sant Cugat desde hace 22 años, cambió radicalmente hace cuatro años y medio a causa de un herpes zóster que derivó en una neuropatía postherpética crónica. A pesar de tener reconocido un grado 2 de dependencia, la administración no le ha concedido ni la incapacidad laboral ni el grado de discapacidad, dejándola sin poder trabajar ni recibir las ayudas necesarias.
“"Soy una patata caliente que me van llevando de un sitio a otro y nadie sabe qué hacer conmigo."
Falicoff, que antes trabajaba en una gestoría y era deportista, necesita hoy un andador y no puede aguantar mucho tiempo sentada o de pie. Explica que el proceso judicial está recurrido, ya que el Instituto Catalán de Evaluaciones Médicas (ICAM) le negó inicialmente la baja, obligándola a reincorporarse al trabajo sin estar en condiciones.
La vecina de Sant Cugat también ha sido muy crítica con el estado del espacio público de la ciudad. Desde que utiliza el andador, ha sufrido varias caídas, una de ellas justo delante del Ayuntamiento, donde la resolución posterior le atribuyó la responsabilidad por “no haber estado atenta”, un hecho que la hizo sentirse “muy indefensa”.
Falicoff denuncia que las aceras de Sant Cugat son “un campo de minas” debido a tapas levantadas y pasos de peatones sin rampa, y cuestiona las prioridades municipales. Lamenta que se invierta en vehículos nuevos antes de arreglar las calles, afirmando: “Somos ciudadanos que pagamos impuestos y lo que pedimos es que nos cuiden”.
No quiero una alfombra roja, pero tampoco un campo de espinas.




