El trauma no se supera hablando más, sino actualizando lo que el cerebro predice.

En EmocionArt, en Terrassa, este es el enfoque que guía el acompañamiento en trauma: entender cómo funciona el cerebro para poder cambiar lo que anticipa.

El trauma no se supera parlant més, sinó actualitzant el que el cervell prediu.

Ansiedad, bloqueo, un mismo patrón que se repite sin razón aparente: son señales que muchas personas intentan resolver hablando de lo ocurrido una y otra vez, sin mucho resultado. ¿Y si el problema no estuviera en el recuerdo, sino en otro lugar?

La neurocientífica Lisa Feldman Barrett, autora de La vida secreta del cerebro, plantea una idea que cambia la forma de entender las emociones: no son reacciones automáticas a lo que nos pasa, sino predicciones que el cerebro construye a partir de experiencias anteriores. Cuando hay un trauma, esas predicciones quedan ancladas en el peligro, y el cerebro sigue anticipando amenaza incluso cuando la situación real ya no lo es.
Esto explica por qué muchas personas sienten ansiedad, bloqueo o repiten el mismo patrón una y otra vez sin encontrar una razón clara: no es falta de voluntad, sino un cerebro que sigue funcionando con predicciones desactualizadas. Por eso, entender el origen de estas reacciones es el primer paso para poder cambiarlas, y ese cambio no siempre llega solo con hablar de lo ocurrido.
Si el cerebro aprendió el peligro a través de la experiencia, también necesita una experiencia distinta para desaprenderlo, no solo una explicación. En EmocionArt, en Terrassa, este entendimiento guía el acompañamiento con distintas herramientas: el IFS (Internal Family Systems), que ayuda a comprender y sanar las partes internas en conflicto; el EMDR, que permite procesar experiencias traumáticas a través de estimulación bilateral; y el Somatic Experiencing, que trabaja el trauma desde el cuerpo, no solo desde el pensamiento. Cada persona necesita algo distinto, y por eso el enfoque se adapta caso por caso en lugar de aplicar siempre la misma fórmula.
No se trata de revivir el pasado una y otra vez, sino de darle al cerebro nuevas predicciones con las que trabajar: unas veces a través de la experiencia real, y otras aprendiendo a predecir de otra forma lo que está por venir. Ese es, en el fondo, el objetivo de cualquier proceso de acompañamiento en trauma: no borrar lo vivido, sino dejar de anticiparlo como si el peligro siguiera ahí.

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