La celebración se dividió en dos actos principales. El domingo se realizó el desfile de disfraces por el centro del pueblo, mientras que el martes se procedió a la elaboración de ocho grandes calderos de rancho. Esta costumbre, que antaño servía para recolectar alimentos de las masías de Bosquerós y la Vila d'Avall, se mantiene hoy como un símbolo de identidad local.
“"Es una tradición que honra a nuestro pueblo. Las dos fiestas han sido muy concurridas, con mucha participación."
La Federación de Escudellas, ranchos y sopas históricas de Cataluña respalda este evento, que este año ha contado con unas condiciones meteorológicas muy favorables. El presidente de la asociación local, Xavier Rodà, subrayó el éxito de una edición que ha servido para potenciar las relaciones vecinales.




