Desde que la autopista AP-7 dejó de ser de pago en el año 2021, su estado de conservación ha empeorado drásticamente, especialmente en el tramo que cruza el Alt Empordà hasta la frontera de La Jonquera. Esta vía, esencial para el transporte de mercancías europeo, ha visto un aumento del tráfico del 70%.
La convivencia de turismos y los aproximadamente 15.000 camiones diarios que circulan por el eje ha convertido la autopista en una vía “extremadamente peligrosa”. Esta situación se debe, según apuntan varios análisis, a la falta de inversión en mantenimiento y conservación durante años, de manera similar a lo que ha sucedido con la red de Rodalies.
El firme de la Autoroute 9 (A-9), la autopista francesa (de peaje) que enlaza con la AP-7, es impecable, mientras que en territorio español el asfalto se convierte en una amalgama de parches.
Un reportaje reciente de David López Frias detalló que el tramo ampurdanés presenta “más de cien desperfectos en el asfalto”. Ante esta situación, se ha reabierto el debate sobre la posible vuelta al pago de la AP-7 para garantizar su mantenimiento, aunque esto podría desviar el tráfico pesado hacia la N-II, colapsándola y convirtiéndola en una ratonera.




