La situación actual contrasta drásticamente con la vivida hace solo doce meses, cuando el nivel del agua era tan bajo que se realizaban “excursiones de secano” por el interior del embalse. Entonces, nadie habría creído posible que se hablara de un “proceso preventivo de desembalse” en la esclusa de las comarcas gerundenses.
Este año parece una evidencia que no pasaremos sed en verano, que podremos atender a los turistas, llenar las piscinas sin el riesgo de atentar contra el medio ambiente.
Este cambio ha generado un nuevo fenómeno denominado “turismo de agua”, donde los visitantes se desplazan al entorno de la presa de Boadella y las cascadas de Les Escaules para observar el nivel actual. Esta experiencia evoca recuerdos de épocas pasadas, cuando la presa era vista como una instalación “supermoderna”.
La lluvia, tradicionalmente mal vista por algunos, ahora es recibida con gratitud en el Empordà como prenda necesaria para garantizar el suministro. Los ciudadanos aceptan las consecuencias menores (goteras, desperfectos) entendiendo que “la naturaleza aún manda, nunca negocia y alguna factura nos cobra”.




