La necesidad de proteger la primera línea de costa en la Bahía de Roses es cada vez más evidente, no solo para preservar el turismo de sol y playa, sino también para salvaguardar espacios, puertos e infraestructuras públicas y privadas. Esta protección se extiende más allá del patrimonio natural, incluyendo humedales y desembocaduras, que son vitales para el ecosistema local.
“"Gracias a la experiencia histórica de l'Escala en ingeniería dunar, pionera en España y Europa por los años 1900, hoy podemos seguir viendo en pie y viviendo en l'Escala y Sant Martí d'Empúries."
La experiencia de l'Escala en ingeniería dunar, que data de principios del siglo XX, es un ejemplo de cómo las barreras naturales con vegetación pueden arraigar las dunas y proteger la costa de las tormentas de arena generadas por la tramontana. Esta técnica permitió mantener en pie localidades como l'Escala y Sant Martí d'Empúries. Olvidar este conocimiento pionero se considera un error imperdonable, especialmente cuando el coste de no actuar puede ser cinco veces superior al de la prevención.
La transferencia de este conocimiento a un consorcio y la adaptación de esta ingeniería para proteger la Bahía de Roses es una cuestión de voluntad política. Un ejemplo de éxito se encuentra entre Peníscola y Benicarló, donde existe una barrera dunar naturalizada de siete kilómetros. Esta barrera, arraigada y con una pasarela para peatones y ciclistas, demuestra que es posible integrar la protección costera con el uso turístico, incluso junto a paseos marítimos llenos de hoteles. Esta solución podría ser viable en la Bahía de Roses, aprovechando la anchura de playa existente, que, sin embargo, se encuentra en regresión cada año.




