La Junquera lidera la presión turística en el Alt Empordà con una cifra sorprendente: 1.519.912 viajes con pernoctación registrados en 2025, según datos del INE. Este volumen, que representa más de 440 viajes por habitante en un municipio de poco más de 3.400 residentes, pone de manifiesto una realidad muy diferente a la saturación turística tradicional asociada a localidades costeras como Cadaqués, que se sitúa en octava posición con 52,7 viajes por habitante.
A diferencia de otros municipios donde el turismo vacacional es el motor principal, en La Junquera la presión está intrínsecamente ligada a su condición de municipio fronterizo y punto clave para el transporte internacional. La alcaldesa, Míriam Lanero, señala que la regulación francesa sobre la circulación de camiones de gran tonelaje los fines de semana y festivos provoca que muchos transportistas internacionales se detengan en el municipio, a menudo prolongando su estancia o pasando la noche. Esta situación, explica, "sesga" el dato de presión turística, ya que no refleja exclusivamente a visitantes de vacaciones.
El municipio gestiona aproximadamente 10.000 camiones diarios, una cifra que evidencia la necesidad de prestar servicios a una población flotante muy superior a la residente. Lanero destaca la inversión adicional requerida en limpieza viaria y seguridad, con una Policía Local de 17 agentes, para hacer frente a los retos de un municipio fronterizo. La colaboración público-privada, especialmente en la instalación de cámaras de seguridad en los aparcamientos de camiones, se considera clave.
En contraste, Cadaqués afronta una presión turística más convencional, marcada por la concentración de visitantes durante los meses de verano. El municipio pasa de 2.800 habitantes en invierno a unas 30.000 personas en temporada alta. El Ayuntamiento ha encargado un estudio para determinar la capacidad máxima del pueblo e identificar las zonas más saturadas, con el objetivo de elaborar un plan estratégico. La concejala de Turismo, Núria Duran, describe la situación como una tendencia a convertirse en "un parque temático".
Otros municipios del Alt Empordà también muestran dinámicas diversas. El Port de la Selva y Sant Pere Pescador registran incrementos estacionales notables en municipios de dimensiones reducidas. Roses, Castelló d’Empúries y l’Escala, con una oferta turística y residencial mayor, acumulan cientos de miles de viajes con pernoctación. Figueres, por su parte, presenta una proporción baja de viajes con pernoctación (6,5 por habitante), a pesar de ser un polo de atracción importante, evidenciando que los datos de pernoctación no capturan toda la presión de los visitantes de paso.
Portbou ofrece un caso particular, con un aumento de viviendas de uso turístico pero una disminución de la población estacional, mostrando que el incremento de la oferta no siempre se traduce en más visitantes residentes temporales. Estos diferentes escenarios subrayan que la presión turística en el Empordà es multifacética y no puede explicarse únicamente con una sola cifra, requiriendo un análisis que considere la población residente, la movilidad diaria, la concentración estacional y la capacidad de los servicios municipales.




