El proyecto «Un Pop de Gram», iniciado en 2022 con el apoyo del GALP, entra en una nueva fase para convertirse en un estudio a largo plazo sobre la población de pulpo en las bahías de Roses y Pals. El objetivo es revertir la tendencia a la disminución de este cefalópodo mediante la creación de espacios idóneos para su reproducción.
Impulsado por la Fundació Alive, con financiación del GALP, la colaboración del proyecto Sèpia, las cofradías de pescadores y el apoyo de los parques naturales de los Aiguamolls y del Montgrí, el proyecto utiliza los propios pulpos como "muestreadores" de su entorno.
El nombre del proyecto hace referencia al gram de mar (Cymodocea nodosa), una planta marina que forma praderas submarinas en ambas bahías y de la cual se alimenta el pulpo. Los investigadores estudian su dieta, hábitats de reproducción y la disponibilidad de alimentos.
Se han instalado dos líneas fijas en el fondo marino, frente a l'Escala y l'Estartit, con 30 cadups (recipientes) de cerámica cada una. Estas piezas, elaboradas artesanalmente por Josep Matés con barro de Cruïlles, imitan modelos históricos de cerámica negra del Empordà.
Los investigadores realizan inmersiones quincenales para inspeccionar los cadups. Los pulpos los utilizan como refugio diurno y llevan allí sus presas para alimentarse. Los rastros dejados permiten obtener información sobre su dieta, estado reproductor y disponibilidad de alimento.
Un estudio inicial de seis meses aportó datos interesantes. Ahora, con financiación de los fondos Next Generation y el impulso del Parc Natural del Montgrí, se ha instalado una infraestructura fija para dar continuidad a la investigación. Se han observado indicios de posible reproducción para el próximo año.
Durante los seis meses del 2022, se observaron 43 pulpos en l'Escala y 23 en l'Estartit, principalmente de tamaños pequeños y medianos, con una dieta basada en almejas. El objetivo es detectar tendencias poblacionales frente a factores como el aumento de la temperatura del mar o la disponibilidad de alimento.
El proyecto también busca comprobar si los cadups mejoran la supervivencia del pulpo roquero, que necesita cavidades protegidas para reproducirse. Estas zonas son escasas en fondos arenosos.
La iniciativa se inspira en el Proyecto Sèpia, que crea hábitats artificiales para sepias y calamares. Las primeras inmersiones de esta nueva etapa han mostrado resultados esperanzadores, con la presencia de una hembra y un macho ocupando un cadup.
Además del valor científico, el proyecto tiene una vertiente divulgativa, con planes futuros para permitir visitas controladas de submarinistas a las instalaciones para la educación ambiental.
El coordinador, Boris Weitzmann, destaca la necesidad de un seguimiento a largo plazo para entender las tendencias poblacionales y el impacto del cambio climático, buscando colaboraciones y recursos para garantizar la continuidad del estudio.




