El clamor vecinal por el mal estado de la Avenida de Perpiñán en Figueres se mantiene vivo. Los residentes y usuarios habituales de esta arteria clave de la ciudad denuncian la presencia constante de baches y socavones, lamentando que las reparaciones efectuadas hasta ahora son provisionales y no abordan el problema de fondo.
El área de Mantenimiento Urbano del Ayuntamiento ha llevado a cabo actuaciones puntuales para paliar los desperfectos más evidentes, pero la degradación del pavimento, especialmente de los adoquines, es un problema que se arrastra desde hace años. La concejala Carme Martínez ha explicado que se trabaja con tres fases: una primera para tapar los agujeros inmediatos, una segunda para contratos menores de mantenimiento en zonas concretas, y una tercera, ya en manos de los técnicos municipales, para diseñar una solución definitiva que mejore el pavimento y tenga en cuenta la memoria histórica de la calle.
Vecinos como Marcel Martín señalan que el barrio lleva "más de 15 años" esperando una inversión real, calificando la situación de "abandono absoluto". Reclaman una intervención continuada desde el Motel hasta Fruites Hurtós para evitar que el tramo sea "intransitable" y cause averías a los vehículos. En la misma línea, Anna Rodríguez alerta que las reparaciones "duran cuatro días" y pide que se considere el volumen de tráfico de esta vía, fundamental para la movilidad de la ciudad, incluyendo el acceso al Hospital.
La reivindicación vecinal también pone de manifiesto una sensación de desigualdad en las inversiones municipales, comparando las mejoras en espacios céntricos con la falta de respuesta estructural en la Avenida de Perpiñán. Esta vía, que soporta un tráfico intenso, incluyendo autobuses turísticos y vehículos hacia el aparcamiento del Garrigal, mantiene un pavimento de adoquines especialmente castigado. Se recuerda que el Ayuntamiento ha demostrado capacidad para cambiar adoquines rápidamente en otros puntos, como en el cruce de la Rambla con la subida del Castell.
La complejidad de los adoquines, descrita por Carme Martínez como un "gran puzle" donde el movimiento de una pieza afecta a las demás, dificulta las reparaciones en una superficie tan grande. Esta situación abre un debate sobre el futuro del pavimento, que combina criterios patrimoniales, urbanísticos y de movilidad, y que forma parte de la imagen tradicional de la ciudad desde la época de la carretera general.
Los vecinos piden que el debate sobre la preservación de los adoquines como elemento histórico no enquiste la necesidad de una inversión integral que ponga fin a los desperfectos recurrentes y adapte la vía a su uso real. La demanda es que la avenida deje de funcionar "a base de parches" y reciba una actuación que garantice la seguridad y la accesibilidad.




