La preocupación por la salud mental crece en una época dominada por las pantallas y las prisas, donde el contacto físico se convierte en un lenguaje esencial para el bienestar. La psicología insiste en la necesidad de esta proximidad para la regulación emocional, ya que el cuerpo habla un idioma mucho más antiguo que el de las notificaciones.
“"Si queremos que un abrazo tenga efectos reales en la salud mental, debe durar al menos 20 segundos. Y eso sería lo mínimo."
Esta duración mínima de 20 segundos se justifica por la activación de tres mecanismos biológicos. El primero afecta al sistema nervioso parasimpático, responsable de sacar al cuerpo del modo alerta y calmarlo.
El segundo mecanismo es hormonal, ya que un abrazo largo aumenta la producción de oxitocina, conocida como “la hormona de la proximidad y la confianza”. Finalmente, el tercer efecto actúa sobre el cortisol, la hormona del estrés, ayudando a liberar la tensión acumulada y reconfortar después de un mal día.




