La crisis ferroviaria, agravada por la baja de solo seis de los 140 maquinistas que debían operar ayer por la mañana, ha puesto al Govern en una posición incómoda. La consellera de Territori, Sílvia Paneque, confirmó el dato tras anunciar un acuerdo para reanudar el servicio, evidenciando que el problema va más allá de la obsolescencia de la red.
Aunque públicamente no ha habido muestras de tirantez, las palabras del ministro Puente sobre el "soufflé emocional" de los maquinistas dificultaron la colaboración. Fuentes socialistas señalan que el Govern se encuentra atrapado en la disputa entre Renfe y Adif, teniendo que dar la cara ante la ciudadanía sin tener el control total de las decisiones.
“"Si no aportan soluciones, al final deberemos exigirles dimisiones."
La presión política es alta. Mientras ERC tildaba la situación de "absoluta vergüenza", Junts acusaba al ejecutivo de "incompetencia". El Govern, sin embargo, rehúye el choque frontal con Puente, priorizando la búsqueda de soluciones y evitando poner en riesgo la relación, que la cúpula del PSC asegura que es "buena", a pesar de los estilos diferentes.




